Escrito (1)

Por qué la resistencia, por qué la compasión

Rachel Engelman ’04 and Miranda Siegel ’04

Este verano, por tercer año, un grupo de estudiantes viajó a Chiapas, México, para asistir a conferencias, fortalecer las relaciones con los indígenas y para aclimatarse mejor a la cultura. El interés por nuestras relaciones con las indígenas artesanas de Chiapas es obvio por la creciente popularidad del Mercado La Paloma, un proyecto por medio del cual las mujeres nos envían sus artesanías, los estudiantes de Oakwood las venden a precios más altos de los que alcanzarían en México, y el dinero se envía de vuelta a las mujeres.

Sin lugar a dudas, ustedes habrán visto las muestras de faldas decorativas y complicadas pulseras que de vez en cuando se exhiben para la venta en el viejo estacionamiento de los alumnos del grado 12. Es posible que hasta hayan visitado el predio del centro en donde opera el Mercado todos los fines de semana. Lo que comenzó como una actividad minúscula se está expandiendo maravillosamente.

Del mismo modo, el primer viaje a Chiapas lo hizo un solo estudiante. Este año éramos dieciséis y, aunque el autobús estaba bastante lleno y comimos más en grupo de lo que nadie pudiera haberse imaginado; el hecho de ser más personas hizo que la experiencia fuera más productiva e indudablemente más entretenida.

El viaje remontó vuelo al momento en que aterrizamos en México. De inmediato nos presentaron a nuestros contactos más importantes en Chiapas: Niki y Hilary. Estas dos mujeres fueron nuestras guías, mentoras, intérpretes y amigas. Niki (ex estudiante de Oakwood) y Hilary están en Chiapas desde hace algunos años, trabajando con las mujeres indígenas, integrándose a las comunidades, y actuando como las mensajeras fundamentales entre Oakwood y Chiapas.

Nos amontonamos en dos autobuses y pronto llegamos a nuestra casa en la ciudad de San Cristóbal de las Casas. Si bien la ciudad recibe turistas de todos los rincones del mundo, todavía conserva su maravilloso carácter nativo. En las calles, las esquinas están colmadas de vendedores, artesanos y, lamentablemente, soldados apostados con el único fin de intimidar.

Al pasar por las zonas residenciales, vimos que cada pared o portón está pintado de colores vivos y llamativos, que no dejan nada liso ni desnudo. El tiempo cambia de pesado y húmedo a un fresco sereno a lluvia torrencial para repetirse todo otra vez. Se pueden experimentar todas las estaciones en un par de horas.

Los temas de las conferencias a las que asistimos cubrían desde las violaciones a los derechos humanos, al trabajo de las mujeres para ofrecer atención médica hasta la muchas veces ignorada población femenina de México. En cada reunión, nos recibieron con sincera hospitalidad, respeto comunal y genuina amabilidad. Las reuniones fueron extraordinariamente personales; a veces se hacían en la casa de los mismos oradores. La mayoría de las conferencias hacían hincapié en la lucha de los zapatistas, en el enfrentamiento de los indígenas contra el gobierno corrupto, y en la historia de su resistencia.

Si bien se han hecho muchos intentos, y se han peleado muchas batallas, el gobierno continúa maltratando a la gente de Chiapas e ignorando la voz de los zapatistas.

El anfitrión de la primera reunión a la que asistimos fue el Proyecto de Medios de comunicación de Chiapas, un grupo decidido a generar conocimiento sobre los indígenas por medio de la documentación de su lucha valiéndose de videocámaras, reproductoras de video, televisores y computadoras. El Proyecto de Medios de comunicación le ha proporcionado a los zapatistas equipos y capacitación para permitirles documentar su revolución y perspectivas. Por medio de estos videos, los zapatistas pueden continuar creando conciencia sobre su causa.

Al día siguiente, asistimos a dos encuentros centrados en la economía chiapeneca y su decadencia. Aprendimos que México se ha vendido totalmente a las corporaciones, y que ese proceso ha comenzado a amenazar la cultura y la individualidad de Chiapas. Las actividades comerciales que distinguían a Chiapas y que en el pasado le daban a México su personalidad están desapareciendo por el apoyo que el gobierno le da a las grandes corporaciones que barren con todo lo que se interpone en su paso.

México ha entregado su cultura y personalidad a cambio de la producción en gran escala y las ganancias. El gobierno ha arrebatado el cultivo del maíz, que solía ser un negocio muy exitoso entre los indígenas que trabajaban las granjas familiares. Al establecer regulaciones financieras sobre el maíz, sólo las grandes fábricas pueden obtener cualquier tipo de ganancias. Ahora la gran población de agricultores indígenas no tiene trabajo, ni dinero ni esperanzas.

Es imposible que un individuo pueda competir contra las corporaciones internacionales que producen productos de mala calidad a bajos precios, y que han despojado de sus trabajos a innumerables ciudadanos. Muchos de los agricultores y artesanos desempleados se ven forzados a aceptar trabajos de baja remuneración para hacer labores manuales en las fábricas que destruyeron sus emprendimientos privados. Ante esto, mientras decía que no con la cabeza, nuestro orador expresó: “Los indígenas no pueden salir de la pobreza por sí solos. El camino está marcado”.

El índice de pobreza de Chiapas está subiendo rápidamente, y prácticamente no hay nada que se pueda hacer para evitar la desesperanza a la que esta gente ha estado sometida. El gobierno le ha dado la espalda a los chiapanecos y apoya a las empresas de producción en gran escala que han destruido la originalidad del país.

Mientras estábamos sentados escuchando cómo les había amargado tanto la vida a los indígenas, alguien preguntó cuál era el sentido de la resistencia en esta situación aparentemente imposible de superar. El orador contestó que siempre hay que tener fe, porque rendirse es sólo una forma fácil de escapar de algo que es necesario enfrentar con toda la fuerza de la voluntad.

Una de las experiencias más conmovedoras fue reunirnos aquella noche con la Red de Defensores Comunitarios de Chiapas. Este grupo conformado principalmente por hombres está integrado por lugareños voluntarios que luchan contra las incontables violaciones a los derechos humanos que ocurren en Chiapas. Desde los comienzos de la organización colectiva de los zapatistas, la policía y las fuerzas militares han violado los derechos humanos para intimidar y sofocar la creciente resistencia indígena. La policía y los militares han cometido violaciones, asesinatos, secuestros, agresiones y han destruido la propiedad, mientras que el gobierno ha apoyado a los paramilitares que se especializan en sembrar el terror y, con frecuencia, matar a los pobladores zapatistas que se les interponen en el camino.

Mientras estábamos sentados en la sala, se vio claramente que los miembros de esta organización corren un gran riesgo simplemente por levantar la voz contra estos actos atroces.

Encima de los ataques físicos, los zapatistas son sometidos a una discriminación innegable de la justicia en los tribunales. Se les detiene con frecuencia por sus protestas y resistencia, y luego se les niega la debida defensa en los tribunales para combatir las acusaciones. Luego se los lleva a prisiones espantosas en donde su único salvoconducto es declararse culpables de los delitos que no cometieron. Aún así los miembros de la organización dijeron que prefieren sufrir las penurias de la cárcel y la injusticia flagrante antes que aceptar un indulto de parte de un gobierno corrupto que va en contra de todo por lo que ellos están luchando.

En esa sala había un hombre acusado ilegalmente de un delito y encarcelado después de negarse a firmar una declaración en la que se decía que había cometido delitos contra el gobierno, cuando en realidad era totalmente inocente. Sentimos un inmenso respeto por este hombre inocente que estaba sentado frente a nosotros, que había sufrido en la cárcel cuando era totalmente inocente, que había dejado su vida atrás y a quien se le negaba expresarse.

Podría haber puesto fin a su sufrimiento en cualquier momento aceptando el indulto, pero no lo hizo. Sobrellevó su sentencia, mantuvo su dignidad y le negó al gobierno la oportunidad de pisotear a otra persona inocente. Ahora está luchando contra una profunda injusticia.

 

No es posible que el lector entienda lo que sentíamos mientras nos contaban sobre las complicaciones que habían padecido debido a su resistencia. Nunca me hubiera imaginado que una persona pudiera tener semejante devoción profunda e inquebrantable a una causa. Privilegiaron la resistencia por sobre ellos mismos, y se dispusieron a soportar la opresión ejercida por el régimen jurídico con la esperanza de poder marcar la diferencia.

Cuando la organización nos dijo cuánto nos respetaba por ir a escuchar sobre su causa, pareció una ironía; allí estaban personas cuyas casas habían sido destruidas, a quienes les habían matado familiares y que habían sido forzados a sufrir injustas sentencias a prisión y un sinnúmero de otras penurias, diciéndonos cuánto respetaban a nuestro grupo, que simplemente los había escuchado. Nunca hubiera podido imaginarme que tal devoción, coraje y desinterés absolutos pudieran existir en semejante mundo de injusticia innegable.

Después de un viaje largo (seis horas), agotador y traqueteado hacia la selva, nuestro entusiasmado grupo se preparó para avanzar sobre un río poco profundo y entrar en un campamento zapatista. Una vez que salimos de la atestada camioneta y metimos los pies en la refrescante agua del río, estábamos en camino de experimentar algo que sólo pasa una vez en la vida.

Cuando entramos por primera vez en Aguascalientes, construido por el ejército Zapatista (EZLN) para sus reuniones, instrucción y festejos, vimos cómo todos los nativos viven de la misma manera que cualquier otro día. Me sentí un poco fuera de lugar; pero cuando ya hacía un rato que estábamos allí, nos empezamos a sentir mucho más cómodos porque la gente era muy amigable e interesante. Pudimos conocer el lugar donde los indígenas se educan y se organizan en el ejército zapatista (o EZLN).

Las personas que viven allí resisten firmemente a la corrupción del gobierno y así corren el riesgo de ser perseguidos. Los edificios que integran Aguascalientes estaban cubiertos de murales vivos y coloridos de héroes como Emiliano Zapata y el Subcomandante Marcos. Uno de los murales que más nos conmovió muestra una paloma blanca que lleva el distintivo de los zapatistas: un pasamontañas. Este mural se destacaba ante nosotros porque mostraba que la verdadera paz sólo se puede alcanzar por medio del movimiento zapatista.

Una vez que terminamos el almuerzo, nos llevaron al pueblo que está junto a Aguascalientes. Pudimos visitar una cooperativa de elaboración de pan y probamos un poco. Mujeres de todas las edades estaban cada una haciendo su parte para tener todo listo. También pudimos hablar con un representante de una cooperativa de confección de ropa. Reflejando el modesto papel que tienen las mujeres en la cultura chiapaneca, fueron increíblemente tímidas al dirigirse al grupo, se cubrían la boca constantemente al reír y hablaban casi todo el tiempo susurrando.

Todos con quienes hablábamos, jóvenes o viejos, eran muy amigables con nosotros y sentían aprecio hacia la tarea que realiza Oakwood para algunas de las cooperativas de mujeres de Chiapas. Muchos de los trabajadores de las comunidades tenían nuestra edad, si no eran menores. Aunque sus vidas no tienen el lujo ni las comodidades de las que nosotros parecemos depender, parecían increíblemente animados y agradecidos por todo lo que tienen. Los indígenas de la comunidad tienen un lazo y una devoción innegable hacia su tierra así como también hacia los compañeros de la resistencia organizada.

En una ciudad cercana, nos detuvimos para escuchar a los trabajadores de una clínica para mujeres. Esta clínica atiende gratis a las indígenas quienes, de otra manera, no tienen ningún tipo de atención médica a su disposición. En esta clínica, las mujeres siempre están primero, y dependiendo de las donaciones que obtenga la clínica, pueden recibir tratamiento para varios tipos de enfermedades y dolencias.

Muchas mujeres que habitualmente sufren la violencia doméstica, complicaciones durante el embarazo, y otras dolencias generalmente se las tienen que arreglar solas porque no tienen a su disposición atención médica adecuada dentro de sus comunidades, y porque las indígenas tienden a evitar los hospitales porque son víctimas de la crueldad y la falta de respeto de los médicos.

Contrario a lo que sucede con otros centros médicos, esta clínica es cálida y tiene una actitud de apertura hacia las pacientes, y un trabajador de la clínica acompaña al hospital a las mujeres que necesitan mayor atención médica para asegurarse de que las traten justamente y que no se aprovechen de ellas. Otro tema fundamental y que generalmente no se aborda y que esta clínica atiende es el uso de la psicoterapia y el asesoramiento legal (especialmente orientados al divorcio) para las mujeres necesitadas. Al aprender sobre la magnitud y la importancia del trabajo que se está haciendo en la clínica para mujeres, se me llenó el corazón de admiración por las mujeres que dedican su vida a ayudar a otras mujeres que necesitan ayuda.

Si bien no pudimos mencionar cada conferencia a la que asistimos, todas fueron conmovedoras e ejemplificadoras. Es imposible comprender la magnitud del espíritu, el coraje y la fortaleza que poseen los indígenas. Aunque han sido testigos de cómo se destrozó su país una y otra vez, la fe nunca los abandona y la devoción está siempre presente.

Muchos de los oradores, así como también los estudiantes, se emocionaron hasta las lágrimas, el silencio y la más profunda admiración. Esta experiencia ha abierto y alterado totalmente las perspectivas de todas las personas que participaron de este viaje. En Los Angeles, parece demasiado fácil hastiarse totalmente y encerrarse en uno mismo: se tiende a olvidar que hay otras cosas allí afuera.

Realmente fue toda una experiencia ser testigo de las vidas de los chiapanecos, vidas que giran en torno de la resistencia más que de ellos mismos, personas que tienen que luchar con toda su voluntad por la justicia que a nosotros simplemente se nos da. Es increíble que a sólo un viaje en avión exista un mundo completamente distinto al nuestro.