Escrito (2)

Mujeres en Resistencia

Sasha Harnden ’04 and Evan Saarinen ’04

Cuando los alumnos ven a Mickey Morgan hablando del Proyecto de Chiapas de Oakwood que ayuda a nueve cooperativas de mujeres dar apoyo financiero a si mismos, a sus famílias, y sus comunidades, no comprenden totalmente el significado de lo que el proyecto ha hecho para esta gente y qué tan grave es su situación realmente. Cuando uno va al Mercado de la Paloma, donde Mickey y varios alumnos suyos venden la ropa que estas mujeres hacen a mano, todo parece todavía un poco abstracto y fuera de contexto. Aun mirando documentales y leyendo libros sobre el intenso conflicto político en Chiapas, Mexico, todo simplemente parece demasiado lejano. Pero cuando se sienta uno en el centro de la selva cara a cara con quince hombres y mujeres con pasamontaña, y se escucha su historia como Zapatistas y de sus deseos para el futuro, de repente todo entra en perspectiva.

La guerra de Chiapas está, mas o menos, en suspenso. Sin embargo, todavía existe un gran conflicto entre los habitantes indígenas del area y el gobierno Mexicano. Hace muchos años que este gobierno, impulsado por los prospectos tentadores de comercio y ganancias aumentadas, intenta hacerle al pueblo indígena largar de sus tierras y reclamarlas para ellos mismos. En 1994, después de injusticias inumerables, negaciones de derechos humanos básicos, y una etapa larga de opresión, el EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) se rebeló. El pueblo indígena se declaró en un estado de rebeldía y empezó a llamarse Zapatistas, por el revolucionario famoso Emiliano Zapata, que participó en la Revolución Mexicana de 1910. Estas comunidades revolucionarias, no como otras, no quieren separarse de Mexico; simplemente quieren que sus derechos sean reconocidos por el gobierno. Después de la revolucion breve, se tuvieron por unos años negociones de paz entre el gobierno y los Zapatistas. Se lograron unos cuantos acuerdos, pero ninguno fue llevado a cabo por el gobierno.

Los Zapatistas, que tienen un modo muy pacífica y diplomática de comportarse y de manejar su situación, han declarado autonomía por la falta de honradez de su gobierno, y han logrado establecer una sistema de gobierno independiente y bien organizado. Ademas, muchas comunidades han reunido colectivamente bastante dinero para mandar a uno o dos de sus niños mayores a un colegio bueno en la ciudad, y luego llevarles de nuevo a la comunidad para enseñarles a los demas todo lo que aprendieron. Otras maneras en que los rebeldes han podido superar su situación aparentemente desesperada incluyen entrenando a defensores de derechos humanos y a “promotores de salud”, estableciendo clinicas, construyendo cinco centros comunitarios (“aguascalientes”) donde hay acceso a bibliotecas y escuelas, y, por supuesto, organizando sus varios negocios cooperativos.

Las cooperativas que ha establecido la gente indígena han sido una gran ayuda económica para todas sus comunidades, especialmente para comprar necesidades como comida y medicina. Organizaciones y programas a ambos niveles, internacionales y locales, han ayudado a algunas de las cooperativas. El Proyecto de Chiapas de Oakwood empezó a trabajar hace mas de dos años con un grupo de nueve cooperativas de mujeres que se llaman Las Mujeres de Maíz en Resistencia. El programa ha generado mas de veinticuatro mil dolares para estas nueve cooperativas (cuatro de los cuales son oficialmente Zapatista), que se han unido recientemente con cuatro mas, para un total de trece. La confianza entre los que están trabajando en Los Angeles y las mujeres es fundamental porque tienen que mandar su trabajo a desconocidos sin asegurarse del pago hasta que reciban el dinero en México.

Para mantener la confianza y comunicación con esta gente tan aislada, y para aumentar el entendimiento de la realidad de este trabajo de los estudiantes y profesores, Mickey ha organizado viajes anuales en Junio: profesores, graduados, y estudiantes se reunen con delegados de las cooperativas en la ciudad de San Cristobal, Chiapas. La población indígena no esta muy acostumbrada a las tecnologías y a los negocios que han proliferado en la sociedad, y por eso no tienen muchas maneras de comunicarse con el mundo exterior. Por esta razón, el viaje es imprescindible para el enlace entre ellos y los que trabajan en Los Angeles.

Este año el viaje duró ocho días. Cuando llegamos a Chiapas, nos llevaron a la pequeña ciudad de San Cristobal, en las tierras altas al sur de la provincia, donde dormiríamos. Durante los primeros días asistíamos a charlas de varios líderes politicos y sociales. Allí aprendimos sobre cuestiones económicas, políticas, gobierno, salud, rebeldía, genocidio, derechos indígenos, y medioambiente que afectan a Chiapas y el movimiento Zapatista.

Después de esta introducción a la lucha indígena de Chiapas, el grupo viajó al pueblo Zapatista y centro cultural/comunal de Roberto Barrios, en la Zona Norte, en el fondo de la selva. Los edificios crudos del centro están decorados con murales brillantes que describen la lucha Zapatista, la victoria, y una vida de paz para la gente de Chiapas. Allí miembros del grupo de Oakwood hablaron con varios miembros de la comunidad de su lucha y de como es sufrir lo que han sufrido. Hay una cooperativa que hace pan, que nos ayudó visualizar exactamente a quien ayuda el proyecto. El grupo también caminó por la selva para nadar en las piscinas naturales que se forman en el base de una gran serie de cascadas. Mientras flotaba en una de estas piscinas, con lluvia templada cayendo alrededor y monos jugando en las copas de los arboles, uno facilmente podía comprender la actitúd sagrada que tiene la gente indígena para la tierra, y por qué esta guerra vale la pena a pesar de sus consequencias.

Éste año, al final de nuestro visita a Roberto Barrios, tuvimos la suerte de cruzar nuestro camino con quince representantes de distintos municipios autonomos de la zona. Expresaron un interés en hablar con nosotros. Nos sentamos juntos durante dos horas, mucho rato después de que empezaron a chirriar los grillos, en su casuchita de escuela, nosotros en nuestros trajes de baño y ellos en sus pasamontañas. Respondieron profúndamente, sincéramente, y cuidadosamente a nuestras preguntas sobre la democracia, la autonomía, su trabajo, y sus esperanzas. El sentimiento fue intenso, y un hombre empezó a llorar a raiz de nuestros intentos de luchar con ellos parra conseguirles derechos a ellos y a su gente.

Amado Avendano
1939-2004

Después de visitar a Roberto Barrios, pasamos dos días en reuniónes con representantes de las cooperativas que fabrican la ropa que se vende en la Mercado de la Paloma. Al principio los dos grupos se sentian un poco tímidos, preguntándonos quien eran estas personas, pero eso pronto desapareció mientras emprendiamos actividades que nos ayudaban a entendernos mejor. Cuando acababamos de llegar, nos pidieron a todos que hicieramos modelos de nuestras comunidades en arcilla. Las diferencias eran impresionantes. Tuvimos unos problemitas explicándoles los conceptos de comida rápida a las mujeres, unas de las cuales nunca habían comido en un restaurante. También tuvimos que describir el mar como un río tan grande que no se puede ver el otro lado.

Después de esto, hicimos y pintamos velas que intercambiamos con las mujeres, hablamos de nuestras preocupaciones comunes (educación, gobierno, trabajo, família, etc.), y hicimos representaciones teatrales de nuestras vidas. Pasamos un día “haciendo los negocios”- discutiendo la ropa, hablando de otras posibilidades artesanales, y intentado mejorar la organizacion del programa para las necesidades de las mujeres. Hicieron medidas para que la ropa nos quedara mejor, y escucharon con oídos abiertos a las ideas de los estudiantes sobre estilos. Por la noche tuvimos un intercambio cultural espontaneo en que tocamos la guitarra y, timidosamente al primero y con mucho gusto al final, cantamos canciones de las culturas Zapatista y Americana.

Nos fuimos sabiendo que habíamos hecho amigos que permanecerían cercanos, aún si nunca nos vieramos de nuevo. Teníamos un entendimiento profundo de exactamente lo que está pasando en Chiapas, y que significa sufrir. Podemos decir que nunca perderémos la conección que se dearrolló entre nosotros y este pueblo luchador. Ahora cuando vamos a la Mercado de la Paloma cada Sábado para vender la ropa, tenemos una razón verdadera de estar allí y ayudar. Sabemos a quién estamos ayudando, sabemos porque les estamos ayudando, y sabemos que podemos.