Escrito (2)

Paciencia

Adrienne Bernhard ‘02

Si paciencia fuera uno cosa desconocida con nosotros, era un arte bien conocido por estas mujeres. Sus quijadas estaban posturadas—no en resignación o aburrimiento, pero seriamente—y sus ojos embarazados de sentido. Las madres se ajustaban bajo el peso de sus hijos, bebés colgados por sus hombros como leña. Las mujeres viejas bordaban un diseño en tela, espantaban moscas, y hacían trenzas de gruesos lazos de pelo. A veces las mujeres se reían, cubriendo sus bocas que hablaban en voz baja, con pena aprendida. Nosotros las mirábamos.

Esta fue la tercera hora de nuestra reunión con la Cooperativa de Mujeres en Morelia. Las traducciones terminaron de repente cuando las juntas quisieron saber más de la naturaleza de nuestra visita; quizá los oficiales principiantes del gobierno estaban haciendo nuevas negociaciones en una oficina de madera en algún lugar. El procedimiento no más era ceremonial, pero de todos modos sabíamos que sería una espera larga.

Los cuerpos pequeños como siempre son inquietos, y pues los niños empezaron a inventarse juegos entre ellos mientras esperábamos. Nos miraban, la precaución dando lugar a la curiosidad hasta que al fin vinieron hasta nosotros y tomaron nuestras manos. Esta fue nuestra oportunidad para ser bulliciosos y reírnos (pues para los gringos pequeños también es bien difícil poderse sentar bien calladitos por mucho tiempo, y no íbamos a pretender por mas tiempo que lo podíamos hacer.) Les enseñamos nuestras joyas y gafas de sol a los niños, les dimos vueltas a los niños hasta que se marearon; nos enseñaron los nombres Tzotzil de los animales y se admiraban de nuestra ropa brillante. Pero las mujeres no más nos miraban.

Esta pausa nos dio tiempo de pensar- que la psicología, la memoria y la observación eran parte de estas mujeres? Ellas estaban pensando en cosas que nosotros sólo podíamos imaginarnos: las tortillas, la muerte, los pies con callos, los autobuses y el ejército, la enfermedad y el dinero y dormir. Fue fácil, y no fue fácil para ellas hablar de estas cosas.

Afuera la neblina se levantaba solemne sobre la casa de escuela, cuyas paredes estaban pintados con bellos dibujos de estrellas y políticos: “Viva EZLN!”. Montañas purpuradas de flores se paraban en silencio majestuoso. Dos granjeros se paraban por un poste de un cerco. El valle descendió en humo y crepúsculo, escondiéndose mientras él sol se acostaba sobre el estado de Chiapas. Todo alrededor se oía los ruidos de cosas vivientes.