Escrito

Los Sueños del Mundo

Aaron Greenberg ’05

“Convocamos con nuestro sueño a todos los suenos del mundo.”

- Dicho Zapatista

Resulta irónico (y tal vez afortunado) que, durante la estadía de una semana de nuestra delegación en Chiapas, el EZLN haya anunciado el más importante de los cambios en sus operaciones desde la aparición pública de la organización hace doce años. Por supuesto, en ese momento no sabíamos qué estaba sucediendo; ni nuestros guías ni ninguna de las personas con quienes hablábamos.

Vivimos un momento de enorme incertidumbre, pero histórico sin lugar a dudas.

Circulaban rumores a medida que se emitían comunicados que se tornaban cada vez más extensos y crípticos. Se iniciaban con una alarmista “Alerta roja” que agradecía a la “comunidad internacional” por su ayuda en los últimos doce años, pero al mismo tiempo instaba a abandonar “el territorio rebelde… o, si lo decidían libremente por voluntad propia, quedarse por cuenta y riesgo propios” (comunicado del 19/06/05). Un comunicado posterior aclaró que la razón para decretar la Alerta roja era un nuevo plan, “otra cosa” que, decían, podría hacer peligrar todo el progreso que habían logrado en los últimos doce años (comunicado del 21/06/05).

¿Qué era esa “otra cosa”? ¿Una ofensiva militar? ¿Amenazaría el acuerdo de cese del fuego? Para aquellos de nosotros, incluido yo, que no estábamos totalmente familiarizados con la complejidad del movimiento zapatista, era una experiencia de primera mano que hacía más tangible la historia, más real la lucha.

De inmediato la historia se tornó más viva, pero también más trascendente. Los activitas con quienes nos encontrábamos a diario en una cafetería en San Cristóbal de las Casas hablaban sobre los caracoles y las juntas como si hubieran pasado a la historia, cuando son componentes esenciales de las municipalidades autónomas establecidas por los zapatistas que habían estado funcionando a pleno hasta dos días antes de la llegada de nuestro grupo a Chiapas. No quedaba totalmente claro qué acontecimientos políticos podrían sobrevenir a partir de la Alerta roja y los comunicados siguientes, pero por ahora basta decir que aquellos primeros comunicados alarmantes limitaron nuestra estadía a la ciudad de San Cristóbal. Ni hablar de visitar los pueblos y centros zapatistas (normalmente partes centrales del viaje a Chiapas) no sólo por el peligro potencial, sino porque se habían evacuado todos. La constante sensación de apremio de los zapatistas y su naturaleza orgánicase hicieron patentes en la manera en que anunciaron lo que se convertiría en la Sexta Declaración de la Selva Lacandona (o la “otra cosa”).

La lucha del EZLN nunca fue solitaria ni hermética, pero tampoco rápida ni tan eficaz. Como alguna vez dijo Oscar Wilde acerca del socialismo: “El problema es que lleva demasiadas noches”. Llegar a la decisión de tomar la decisión parece haber llevado más de dos años; y una vez que se tomó, durante la semana en que estuvimos en Chiapas, los comandantes viajaron a cada pueblo zapatista (las estimaciones indican que serían más de 1,000) para consultar el plan con cada poblador.

Desde el comienzo, los zapatistas se han diferenciado de los tradicionales grupos de la guerrilla marxista que operan en Centroamérica buscando llegar al poder del estado (usualmente por medios no distintos a los del gobierno y paramilitares a los que se enfrentan) porque luchan contra la corrupción no sólo de los políticos mexicanos sino contra la corrupción inherente al sistema capitalista, y especialmente a su más novedoso y mayor exceso: el “neoliberalismo”.

El EZLN llamó la atención de la opinión pública por primera vez el 1 de enero de 1994, el día en que entró en vigencia el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (North American Free Trade Agreement, NAFTA), la primera entre muchas disposiciones de la legislación internacional que liberalizó la política de comercio (más sobre este tema en unos momentos). Pocos han leído el documento, que es extenso y escrito en un lenguaje entre esotérico y de libro de texto, pero el tratado impulsó a las corporaciones y la agroindustria multinacionales. Le brindó una voz sin precedentes a las corporaciones y, al mismo tiempo, inventó un cálculo cruel que ubicó a las ganancias por encima de la democracia y a la globalización corporativa por encima de la justicia. Las personas ya marginadas (especialmente los mayas de México) son las principales víctimas de legislaciones como el NAFTA, que fue redactado por y para la elite de cada país.

El ejemplo típico es el de aquel agricultor mexicano productor de maíz que, luego de la apertura de las fronteras al maíz estadounidense, no pudo competir con el maíz subsidiado por el gobierno estadounidense que inundó el mercado mexicano. El NAFTA también eliminó las protecciones a los trabajadores y las políticas proteccionistas que han regulado las economías de la mayoría de los países desde los mismísimos comienzos de sus economías industriales. Para los mayas de Chiapas, el NAFTA fue la gota que rebalsó el vaso: ya venían sintiendo todo el peso de la incursión occidental desde la “globalización” de Colón, Díaz y Drake.

El 1 de enero de 1994 dijeron ¡Ya basta! Suficiente.

Pero los zapatistas nunca percibieron su lucha como local, porque esa visión negaría la realidad de la escala global de los problemas que combaten. El Subcomandante Marcos (el carismático líder del EZLN que establece el contacto con Occidente) escribió con su elegancia usual sobre la naturaleza universal de la lucha zapatista:

 

Marcos es gay en San Francisco, negro en Sudáfrica, asiático en Europa, chicano en San Isidro, anarquista en España, palestino en Israel, indígena en las calles de San Cristóbal, miembro de una pandilla en Neza, rocanrolero en la Universidad Nacional, judío en Alemania, defensor del pueblo en el Ministerio de Defensa, comunista en la era pos Guerra Fría, artista sin galería ni carpeta de trabajos… pacifista en Bosnia, ama de casa sola un sábado por la noche en cualquier barrio de cualquier ciudad de México, huelguista en el CTM, reportero de artículos de relleno en las últimas páginas, mujer sola en el metro a las 10 p.m., campesino sin tierra, obrero desempleado… estudiante infeliz, disidente en medio de la economía de libre mercado, escritor sin libros ni lectores y, por supuesto, zapatista en las montañas del sureste de México. Entonces Marcos es unser humano, cualquier ser humano de este mundo. Marcos es todas las minorías explotadas, marginadas y oprimidas que resisten y dicen “¡Basta!”.

 

Declaraciones como esta dan algo de contexto a los acontecimientos políticos de los que fuimos testigos durante la estadía de nuestra última delegación.

¿Pero qué significa realmente para los zapatistas expandir las operaciones y, al hacerlo, prestarle menos atención a las personas a quienes han ayudado y que han formado su base de apoyo en los últimos doce años? Los mayas han sido fundamentales en la formación del carácter de la organización. ¿Puede cambiar esto? ¿Pueden los zapatistas representar a los marginados de todo el mundo con el mismo poder que representaron a los indígenas de Chiapas?

Los problemas prácticos son muchos. Al EZLN le llevó décadas organizarse; ¿cómo espera reorganizarse en tan poco tiempo? ¿Qué sucederá cuando el EZLN se integre a una organización política nacional? ¿Tendrá que dejar las armas? ¿Sus miembros se quitarán los pasamontañas? ¿Se pondrán en riesgo de ser perseguidos por el gobierno mexicano? (Después de todo, son un grupo guerrillero ilícito que opera al margen de la ley.)

Dado que los zapatistas se han apartado de cualquier tipo de ideología, ¿hacer alianzas con grupos internacionales de izquierda amenazará su integridad como una organización sin ideología?

Estas son preguntas cuyas respuestas sólo se conocerán en los largos meses que vendrán y que ni siquiera los nuevos comunicados (10 al 13 de julio) abordan adecuadamente.

Si tiene éxito, el último plan de los zapatistas podría resultar ser el comienzo de algo maravilloso en una era en la que la esperanza (especialmente la de llevar autonomía a los más vulnerables del mundo) parece un lujo que sólo pueden darse los adinerados y los ilusos. Pero entonces, de nuevo, en los últimos doce años los zapatistas han infundido sentimientos de gran esperanza y autodeterminación en un lugar en donde eso no había existido por quinientos años.