Escrito (2)

Los Modelos de Arcilla

Gracie Greenberg ’07

 

Nuestro viaje a Chiapas finalizó con un Encuentro: dos días de conversación, intercambio cultural y juegos con Las Mujeres de Maíz en Resistencia. Unas de las primeras actividades fue hacer modelos de arcilla de la ciudad, pueblo o aldea donde vivimos. Cada cooperativa hizo un modelo de su pueblo, y los estudiantes de Oakwood se dividieron en grupos pequeños y cada uno hizo un modelo de distintas áreas y aspectos de Los Ángeles.

Los estudiantes crearon mini réplicas de los embotellamientos de tránsito y autopistas, los restaurantes de comidas rápidas y las tiendas de café Starbucks. Construimos modelos de cosas grandes que muchas veces ni siquiera nos gustan. A pesar de que estas cosas dicen algo sobre la naturaleza del mundo en el que vivimos y el modo fragmentado en el que experimentamos dicho mundo, parecen torpemente desconectadas de los aspectos importantes de nuestra identidad como individuos.

Las mujeres hicieron modelos de sus casas e iglesias, sus gatos y ovejas, el fuego donde cocinan sus tortillas y los campos en los que cultivan el maíz. La naturaleza de las cosas que eligieron construir muestra la profunda conexión cultural y emocional que cada mujer tiene con su espacio físico en el mundo. Modelaron cosas pequeñas que están muy cercanas a ellas como individuos y vinculadas tanto a su identidad femenina como a su identidad indígena. A diferencia de nosotros, las mujeres viven en un lugar y dentro de una cultura en la que el espacio físico y las cosas que las rodean en dicho espacio están profundamente conectadas a su sentido de sí mismas.

Esta conexión que las mujeres tienen con la tierra y el espacio que las rodea parece darles una especie de conocimiento intuitivo de sí mismas y de cómo encajan en el mundo a una escala mayor, un conocimiento que se refleja mucho en los mensajes de la Resistencia. Para ellas, la Resistencia en Chiapas trata de sus derechos y autonomía, pero también sobre el comienzo de la construcción de una clase de mundo nuevo, “un mundo en el que caben muchos mundos”, (eslogan Zapatista). Es como si la propia comprensión profunda de su espacio físico en el mundo les diera la capacidad de mirar más allá de sí mismas y ver cómo su lugar está conectado con nuestro lugar y con el lugar de cada individuo en el mundo. Pueden ver que su lucha llega mucho más allá de sí mismas.

Creo que de varios modos, esto es los que atrae a los estudiantes y a otras personas al Proyecto Chiapas. Es algo relativamente pequeño y extremadamente personal, sin embargo, parece dictar algo mucho más global, la esperanza de que “otro mundo es posible” (otro eslogan Zapatista). No es solamente la belleza de los productos lo que es tan atractivo, sino también la belleza del dinamismo y de la inspiración para hacer estos productos. Hay algo conmovedor con respecto a las mujeres y a sus esfuerzos tan genuinos para crear un mundo mejor, hay algo muy puro con respecto al Proyecto y todo lo que involucra. Esta pureza es la que inspira la esperanza sincera y sin adulterar, la esperanza de que el mundo puede ser transformado a través de la comunicación genuina y el intercambio justo.

Después de ser parte de la delegación, comprendemos mejor cuán profunda y radicalmente conectados estamos con las Mujeres de Maíz en Resistencia y su lucha. Su lucha es nuestra lucha. No sólo las mujeres sino que nosotros necesitamos que sus culturas indígenas sean preservadas y reconocidas, y que ellas tengan poder como ciudadanas, como mujeres y como individuos.