Escrito (3)

El Corazón

 Skylar Sweetman ’07

Caminaba por un sendero limpio atravesando tonos de verde y marrón hasta que dejé atrás los árboles y se abrió un claro con un pequeño campo de maíz, dos chozas y un precario gallinero con gallinas revoloteando adentro. El cielo estaba despejado y cálido. Un puente de tablas de madera rotas sobre un arroyo seco de lecho de piedras y pastos dispersos crujía de modo amenazador a medida que lo atravesaba. El interior de la choza era oscuro, las ventanas resguardaban la habitación de la luz con trapos oscuros que colgaban de cuerdas blancas. Una mujer indígena estaba sentaba en el piso sucio, doblando ropa mientras me invitaba a pasar inclinando la cabeza y esbozando una modesta sonrisa. Le devolví la sonrisa y me senté en el piso junto a ella. Estaba apoyando la ropa doblada sobre una cama, a los pies de su pequeño hijo, que bajó la mirada hacia mí con los ojos entreabiertos, como quedándose dormido. Dio unas vueltas en la cama, con las manos apoyadas en la panza en la calidez de la habitación. Les dirigí algunas palabras a los dos, y ella asintió con la cabeza mientras yo tomaba las manos del niño con las mías. Al salir de la calidez soñolienta de la choza hacia la humedad de la selva de Chiapas, la atmósfera de esta fracción de familia dentro de la choza casi me provoca el llanto. Pero, ¿cómo pude haber tenido sentimientos tan fuertes hacia estas dos personas que apenas conocía?

Esta preocupación me ha acompañado en todas las relaciones que tuve – relaciones importantes y emocionalmente cálidas – con el gran número de mujeres mayas con las que he compartido estos últimos años como parte del Proyecto de Chiapas de Oakwood. Estas mujeres me despiertan una profunda compasión que aún debo encontrar por mí mismo. Sin embargo, a pesar de haber trabajado tanto juntos, y de todo lo que hemos logrado mediante nuestra cooperación, he sentido cierta distancia entre estas mujeres y yo, algo tan frustrante como triste por su permanencia.

Para conocer a otra persona lo suficiente como para justificar un sentido de verdadera cercanía, creo que tendré que comprender todo lo que llevó a la situación actual de su existencia, un concepto tan amplio que me asombra. Entonces, ¿por qué me siento tan cerca de estas mujeres que tienen historias tan diferentes de las que yo conozco? A veces me parece que estos sentimientos que tengo son ciegos, y me confunde el hecho de que siquiera existan. Aunque sí nos respaldamos mutuamente y nos tenemos fe, me inquieta el hecho de que quizás no haya nada lo suficientemente real en nuestra relación – que sea empatía y compasión unilateral de mi parte, y mayormente gratitud de parte de ellas. Ni siquiera puedo empezar a comprender si registran esta distancia, mucho menos si eso las entristece tanto como a mí.

El proyecto ha sido más exitoso de lo que cualquiera hubiese esperado, dar respaldo a estas mujeres financiera y políticamente, y haber aprendido de ellas a nivel cultural. Por lo tanto, a veces siento que mis inquietudes sólo han surgido de mis propias fantasías un tanto románticas, y que son más una cuestión de mis propias necesidades que de las de ellas. Entonces lo que más me preocupa de todo esto es que mis inquietudes pueden ser el resultado de algo más bien motivado por mi propio interés que por la falta del mismo.

Sin embargo, existe una cercanía que es real. Sin importar qué poco sentido pueda sacar de esto, tengo una especie de conexión con estas mujeres que no tengo con ninguna otra persona en mi vida. Compartir sus hogares con ellas, en la oscuridad, en las cocinas humeantes donde caminan de una punta a otra de la habitación, verificando todo y ayudándose entre ellas, siento una especie de naturalidad con respecto a mi presencia en sus vidas. Una niña de diez años coloca a su hermanita bebé en unos tiradores que cuelgan de alrededor de su cuerpo. La niña recibe al bebé de su madre con una ternura que parece formar parte de la misma sabiduría y fortaleza con la que sostiene a su hermanita. Quizás como simplemente no soy capaz de involucrarme con el significado específico que tienen las cosas en sus vidas, esas cualidades se presentan con un brillo de pureza que es absolutamente enmudecedor. La responsabilidad que asumen estas mujeres, sin ningún tipo de alternativas y sin objeciones, es evidente y sin ninguna duda admirable. Son, en especial, profundamente concientes de la importancia de la familia, una conciencia que siento se está desvaneciendo lentamente en mi propio mundo. Quizás sea sólo la esperanza que tengo en sus cualidades – cualidades importantes y extrañas – lo que me hace sentir tan cerca de ellas. Estas mujeres han atravesado situaciones más difíciles de las que me pueda imaginar y todavía así respiran con tan inquebrantable dignidad y fortaleza que me conmueve y me provoca el llanto después de haber estado con ellas durante sólo algunos días.