Escrito

La Tierra y las Mujeres

Talia Keren-Zvi ’07

Evito escribir sobre las cosas que me resultan muy difíciles de enfrentar y demasiado complicadas para elaborar dentro de mí. En esta oportunidad, voy a enfrentarme a algo que no he terminado de procesar, pero que necesito tratar por escrito. Deseo escribir sobre Chiapas.

El viaje a Chiapas, conocer a las mujeres y ver la tierra, me hizo tomar conciencia del significado del Proyecto de Chiapas. Me conectó emocionalmente con el propósito y el trabajo del Proyecto. Aumentó mi conciencia y se aferró a mis pensamientos. Produjo un cambio en mí. Esta visita me mostró las diferentes personalidades de nuestros compañeros de trabajo y conocí su fuerza, generosidad, sentido de comunidad y modestia. También me ayudó a implantar dentro de mí la relación tan importante que tienen los indígenas y su tierra.

Me impactó profundamente ser testigo de esta relación entre el indígena y la tierra, que es compleja, arraigada en la historia y la tradición y me he detenido a pensar en los distintos estratos de esta relación. Con solo mirar a las mujeres, la textura de su piel y el sonido de sus voces, sentí intrínsecamente su lazo con la tierra, como si estuvieran entretejidas en ella, pero no comprendí intelectualmente porqué tuve esta reacción profunda e inmediata. Aunque ya tenía conocimiento sobre su conexión con la tierra al conocer su causa, hubiese tenido esta misma respuesta intuitiva si hubiese viajado sin un conocimiento previo de su lucha.

Comencé a ver paralelismos entre la tierra y las mujeres. Y me pareció, después de haberlo meditado, que la tierra es una metáfora de la resistencia de los luchadores indígenas. Comenzaré a explicar esta metáfora con una descripción de la tierra.

La belleza de la selva llama la atención inmediatamente, la gran bóveda espesa y verde adornada con bancos de nubes dispersas y tenues. Es un Edén, exuberante y fructífero. Sin embargo, una vez que se atraviesa la cortina de árboles y se entra físicamente a la selva, el terreno es agreste y húmedo. Mosquitos voraces, hormigueros escondidos, arañas del tamaño de un rostro humano. La vida en la belleza de la selva no es algo que muchos de “nosotros” podríamos soportar sin aire acondicionado, baños y acceso al agua corriente y caliente. Pero a pesar de todo lo que es duro en la selva, hay un encanto con el que casi todos pueden relacionarse, que la mayoría disfrutaría al verlo en una T.V. de alta definición o en las vacaciones.

Ahora quisiera hacer una comparación con la lucha de los Zapatistas, las mujeres y los campesinos, de los indígenas de Chiapas. Su dignidad es lo más hermoso que he presenciado en mi vida. Y su lucha es una de las más difíciles. Nuevamente, muchos pueden simpatizar con las imágenes idealizadas de los luchadores de la selva que se resisten contra el gobierno y viven solamente de la tierra, pero muchos no ven más que eso. Luchar como los luchadores lo hacen es tomar una decisión, elegir una vida mucho más difícil porque la opción que ofrece el gobierno es una traición a la cultura y a la tradición, porque significa entregarse a la corrupción. Es necesaria una fuerza increíble para tomar semejante decisión, aún cuando ellos lo hacen parecer fácil y natural. Y por esto, como en la selva, la lucha conlleva una belleza difícil que no muchas personas podrían soportar.

Y sin embargo, es difícil dividir en dos la metáfora de la tierra y la lucha porque ambas están íntimamente entretejidas. La tierra es parte de la lucha, y la lucha es, en parte, una lucha por la tierra. Y sus bellezas individuales se reflejan entre sí, el sonido de las voces, el aspecto y la textura de la piel, que están vinculados con dicho trabajo físico, las hileras de maíz y la hermosura que surge cuando la tierra es cultivada por personas, los pueblitos de las colinas, que no desentonan con la vista de la naturaleza y se ven, ciertamente, como si tuvieran que estar allí, como si la colina hubiese sido siempre así. Es casi imposible separar a las personas del medio ambiente, que es una parte tan intrínseca de su ser.

Y lo que ellos son se manifiesta en el primer encuentro, con sólo mirar cómo actúan y hablan entre sí. Hay una fuerza serena en sus rostros. Lo que me conmovió tan profundamente fue la facilidad para comunicarnos a pesar de la barrera del idioma, y la transparencia para ver realmente quiénes son. A pesar de toda su dureza, siguen siendo cálidos, aceptando e invitando a la gente, y al mismo tiempo, tienen la fuerza para continuar luchando por su tierra, su cultura y sus derechos.