Escrito (2)

La Otra Chiapas

Danny Kirk ’09

Coloco mi mochila delante de mí en el suelo y miro a mi alrededor. Las mujeres acompañan a sus hijos por la plaza principal de la ciudad mientras otras están sentadas, hombro contra hombro, en el perímetro, vendiendo bufandas, muñecas y pulseras. El sol está alto en el cielo y cuando me siento a esperar que se reúna el resto del grupo, veo a dos niños pequeños jugando frente a mí. Corren de aquí para allá, gritándose entre sí, sus pies desnudos apenas hacían ruido sobre el camino de piedra. Detrás de ellos corre un niño más pequeño, supongo que es un hermano. Miro su juego, y pienso cuán pequeños se ven y me pregunto qué edad podrían tener. No me decido por una edad definida, pero ciertamente tienen esa edad en la que normalmente los niños no sienten la necesidad de actuar como adultos. Los niños de su edad que conozco estarían horrorizados con esta idea; ser como sus padres, los adultos más importantes de sus vidas, es justamente lo opuesto de lo que desean. Esto es lo que me atrae de este trío, su diferencia total de lo que estoy acostumbrado. Cuando llegan al otro extremo del patio, el niño más pequeño, el más chico, se cae en el borde de la acera. A pesar de que reacciona como cualquier niño pequeño, su hermano actúa de una manera completamente diferente a como yo hubiese esperado. Como un adulto en miniatura, levanta a su hermano, lo lleva lejos del lugar donde se cayó y lo ayuda a que vuelva a jugar. Este acto de sorprendente madurez apenas interrumpe cualquier juego en el que estuvieran absortos y una vez que pasa, el juego continúa.

Recuerdo este momento, lo reproduzco una y otra vez en mi cabeza, tratando de comprender por qué, de todas las cosas que experimenté en Chiapas, ésta es la que más se destaca. Este momento aparentemente intrascendente pasó a tener un significado mucho mayor. Al haber sucedido al principio del viaje, la escena creó una especie de marco a través del cual miré todo lo demás que me sucedió. La vida de esos niños hizo necesaria una especie de inversión de roles. Fueron forzados a ir más allá de los roles infantiles que estoy acostumbrado a ver. A medida que fui viajando por Chiapas, conociendo indígenas y aprendiendo sobre sus vidas y luchas, noté cambios similares en las responsabilidades. La inmensidad de su lucha ha forzado a los ciudadanos comunes a reexaminar y reestructurar sus vidas. Hombres y mujeres de pueblos pequeños, que nunca se imaginarían como funcionarios de gobierno, se han convertido en eso. Vimos muchos ejemplos de esta reestructuración a medida que viajamos a los centros de gobierno autónomo (Caracoles). Las Juntas de Buen Gobierno que presidían cada Caracol estaban formadas íntegramente por estos habitantes de los pueblos. No tienen ninguna duda sobre sus nuevos roles, al igual que el niño pequeño no la tuvo con el suyo. Desde su punto de vista, la voz de su lucha pidió una voz del pueblo y ellos respondieron.

Creo que esta actitud define la idea de “la otra Chiapas”, una frase que escuché muchas veces durante el viaje. Pensando en eso ahora, creo que éste es el modo perfecto de describir las acciones increíbles de los indígenas de Chiapas. Estaba constantemente sorprendido por su devoción inquebrantable por las causas que definían su movimiento. Al ver la situación como una oportunidad para obtener los derechos de los que carecían, permitieron que sus vidas se reorganizaran. Representan a un grupo de personas que, por un lado son parte del estado de Chiapas, y por otro, cuando lo necesitan, son parte de esta otra Chiapas. Cuando el hermano cae, están más que dispuestos a correr a su lado y levantarlo, aunque no tengan la edad suficiente para ser padres. En cada persona que conocí, vi este sentido de devoción y mi fascinación fue constante. Ellos reconocen que sus derechos no se están cumpliendo y no desean permitir que esto suceda. En esta otra Chiapas, la vida va hacia delante, pero cuando alguien tiene que redoblar los esfuerzos para hacer su parte, lo hacen con felicidad. Ellos representan la devoción y pasión verdaderas de una causa, cualidad que lamentablemente está ausente de la vida de muchas personas hoy en día.