Escrito (2)

“Moreno”

Aerin Moreno ’16

aeinmorenoEstoy de rodillas junto a una mujer muy anciana y frágil que solloza y aprieta un tapiz contra su pecho. Los muros vibran y me siento envuelta en un canto desconocido, en un idioma de otros tiempos que no comprendo. El piso de cemento está frío como la piedra y el techo bajo se cierne sobre nosotros. Estoy en la aldea de Acteal, participando como testigo de una ceremonia de conmemoración. Tratando de escapar al sentimiento de ser una extraña en el lugar, miro las cruces pintadas a manos que yacen junto a mí y comienzo a leer los nombres de los 45 hombres, mujeres y niños que fueron masacrados aquí, hace 19 años, por paramilitares. De repente, me detengo sorprendida. Veo mi nombre, Moreno, pintado en dorado sobre una cruz verde.

Su nombre completo era Manuela Paciencia Moreno y tenía 35 años. Después de la ceremonia, miro las fotografías que cuelgan de las paredes e inmediatamente encuentro a Manuela. Observo con atención la imagen y trato de hallar similitudes en nuestros rostros. ¿Qué ocurriría si ella fuera de mi familia? Es poco probable, pero ¿cómo podría saberlo? Tengo muy poca información sobre los antepasados Moreno provenientes de México. Esa parte de la historia familiar siempre ha sido un misterio para mí. Mi abuelo falleció décadas antes de que yo naciera, y mis padres y yo somos los únicos descendientes vivos. Recién este verano, cuando viajé a Chiapas, México, tuve un primer contacto con la cultura mexicana auténtica.

En junio, mi profesor de historia llevó a un grupo de estudiantes a conocer a las mujeres indígenas que participan del Proyecto Chiapas. Estas mujeres realizan productos artesanales que los estudiantes venden en Los Ángeles para brindarles a ellas un ingreso constante. Antes del viaje, esperaba sentirme muy cómoda en México, o al menos más cómoda que mis compañeros de clase que no son de origen hispano. Nunca tuve mucho a qué aferrarme; no tengo religión ni una historia familiar que me defina. Pensé que este viaje afianzaría mi herencia mexicana, pero esto no ocurrió. En las visitas a las comunidades autónomas y en las caminatas por la ciudad de San Cristóbal, me sentía una extraña: una turista en el país que me dio mi nombre. La única similitud que encontré con las personas de México fue la estructura de sus dientes caninos, que se insertaban más alto en las encías y sobresalían de manera que tenían cierto aspecto de afilados colmillos. Es un detalle raro para destacar; sin embargo, ese rasgo me había hecho sentir acomplejada por mi sonrisa cuando era pequeña. Ahora, años de ortodoncia los han corregido para que se vean “normales”.

Yo siempre había afirmado que me identificaba como mexicana, pero cuando llegué a Chiapas, me di cuenta de que no tenía idea de lo que esto significaba. ¿Cómo podía identificarme con las mujeres de Chiapas que trabajan cada día de su vida sin ayuda de sus esposos ausentes y agresivos? ¿Cómo podía identificarme con mi herencia de identidad mexicana cuando no comprendo la lucha? Nunca luché contra un gobierno corrupto, nunca fui testigo de un ataque paramilitar a mi familia y mis derechos humanos nunca estuvieron amenazados.

Mi padre creció bajo la consigna de desasociarse de su raza para encajar en otro modelo. Le alentaron a asimilarse a este esquema para lograr sus objetivos. Y en este proceso, se perdió la riqueza de nuestra cultura y nuestro idioma. Tal como ocurrió con mis dientes, a mí me alinearon para que encajara con lo que está a mi alrededor. Trato de profundizar en un pasado que se desdibujó a fuerza de ignorarlo, un proceso en el cual participé, inconscientemente, durante toda mi vida. Mi viaje a Chiapas, efectivamente, tuvo como consecuencia un despertar de mis raíces mexicanas, pero en lugar de descubrir un sentimiento de pertenencia, me fui con emociones encontradas de orgullo y vacío. Estas poderosas emociones, que surgieron a partir del momento en que supe que comparto mi nombre con una valiente mujer de Chiapas, han encendido en mí una nueva devoción y el impulso para descubrir mi auténtica identidad cultural y conectarme con ella.