¿Qué es?

Participando en el Proyecto de Chiapas de la Escuela de Oakwood, estudiantes de la escuela de Oakwood han vendido los productos de artesanía de estas cooperativas por diecisiete años en Los Angeles, en el Mercado “La Paloma” establecido por Esperanza Housing Corporation (la Corporación de Vivienda “Esperanza”), en eventos de Oakwood y en ferias y festivales de arte por toda la ciudad. La solidaridad y servicio de los estudiantes en este trabajo han sido muy importantes para la sobrevivencia de la micro-economía de las cooperativas, también ha sido un proyecto educativo muy enriquecedor tanto para los estudiantes como para las mujeres. Maestros y estudiantes de Oakwood han dedicado su tiempo, creatividad y esfuerzo para ayudar a más de 300 mujeres mayas vender sus productos hechos a mano a un precio justo y digno. Además, durante los estos años, más de 250 estudiantes han viajado a Chiapas para visitar a las comunidades y reunirse directamente con las representantes de las cooperativas.

Los talleres de capacitación han sido esenciales para brindar apoyo técnico y educativo al proceso organizativo de las mujeres. Por tres días cada dos meses, mujeres de las cooperativas llegan hasta San Cristóbal para juntarse, tomar decisiones colectivas y recibir clases en áreas como por ejemplo contabilidad, computación, tintas y costura. Las mujeres también traen sus productos desde las comunidades para mandar a Los Angeles y reciben la paga mandado por el Proyecto de Chiapas de Oakwood. (El total actual llega a más de $1,000,000 dólares.) Carmen Cano, la única empleada de tiempo completo trabajando con este proyecto, trabaja sin descanso para dar los talleres, asesorar a las cooperativas, coordinar las ventas y visitar a las comunidades.

Los pueblos indígenas de Chiapas han sufrido una larga historia de explotación, simbolizada por el “coyote” quien viaja a los pueblos para comprar sus productos por unas migajas y los vuelve a vender en la ciudad, sacando mucha ganancia. Uno de los objetivos principales de este proyecto ha sido brindar herramientas a las mujeres–ya organizadas en cooperativas en sus comunidades, ofrecerles un espacio para reunirse y trabajar juntas y buscar mercados con precios justos.

Dentro de la selva verde con sus ríos azules, en las montañas, en la neblina de los altos, cada día las mujeres mayas se levantan a las cuatro o las cinco de la mañana. Preparan el pozol para sus esposos, ellos lo llevan a la milpa. Muelen el maíz por dos o tres horas para hacer las tortillas y el pozol. Una mujer normalmente pasa más de cinco horas cada día haciendo las tortillas, la comida principal y sagrada para su familia. Durante el día también camina lejos para recoger agua y leña, cocina para sus hijos, mantiene los animales, lava la ropa en el río, limpia la casa y prepara comida para su esposo. Muchas de las mujeres también participan en colectivos de hortaliza y eventos de la iglesia y tienen otros cargos en la comunidad. Es una muestra de su compromiso que mujeres con esta cantidad de trabajo también pasan horas bordando y administrando su cooperativa.

“La idea era crear un espacio para estas mujeres…para conocer a otras mujeres viviendo una situación parecida”

En marzo de 1999 Niki y Carmen iniciaron el curso de capacitación “Caminando hacia una Economía Autónoma” para responder a las necesidades que habían identificado trabajando por varios años con las cooperativas de mujeres en las comunidades. La idea era crear un espacio para estas mujeres, aisladas en sus comunidades, para conocer a otras mujeres viviendo una situación parecida, aprender y trabajar juntas. Las mujeres son tzeltales, tzotziles y tojolabales, por lo tanto son de diferentes regiones y culturas dentro de Chiapas. Las cooperativas se han ido desarrollando más herramientas organizativas y la meta es que las mujeres administren y manejen su propia red. El curso también representaba una manera que las mujeres pudieran aprender a viajar y orientarse en San Cristóbal, donde compran sus materias primas y buscan donde vender.

Cuando llegaron las primeras representantes en 1999, la mayoría de ellas no hablaba mucho español, muchas no sabían leer y escribir, se ocupó la mayor parte del primer año en enseñar las herramientas básicas para administrar un negocio. Los cursos se enfocan en administración, contabilidad, diseño, técnicas artesanas como por ejemplo tintas naturales, promoción de productos (haciendo etiquetas y folletos), costura y computación. Además, una parte de cada curso se dedica a algún tema directamente relacionado a las vidas de las mujeres, por ejemplo la salud reproductiva, los derechos de las mujeres o los derechos de los indígenas. Ahora, dieciocho años después, las mujeres viajan con confianza, dan presentaciones públicas en español, hacen católogos y mandan correos electrónicos. La calidad y diseño de sus productos se han mejorado y en el año 2000 las cooperativas formaron una red para reducir los costos y vender sus productos juntos, llamándose “Las Mujeres de Maíz en Resistencia”. En 2002, después de un proceso que tardó un año y medio, la red de cooperativas logró estatus legal para la exportación de sus productos.